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Antonio López vuelve a la Puerta del Sol

Tras el episodio protagonizado por los agentes de la Policía Municipal, que no dejaron que Antonio López siguiera pintando sin el permiso adecuado, se han sacado a relucir diferentes debates sobre la precariedad artística en España.

El pintor Antonio López volvió el pasado jueves 22 de julio a la Puerta del Sol de Madrid para concluir el cuadro que dejó inacabado en 2010. El artista se colocó en el mismo ángulo que aquel año, en la zona central de la plaza, desde donde se aprecia la Real Casa de Correos, sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, y la calle Mayor. Antonio López anunció ya en abril que quería volver este verano a la capital para terminar ese paisaje que comenzó a pintar y abandonó en 2010:

Este verano, si Dios quiere, me gustaría seguir la pintura que empecé hace años, en la Puerta del Sol, así que vendré por las tardes.

Hace 11 años trabajaba siempre entre las 19:00 y las 20:30 en una obra que inicialmente pensó que dedicaría tres veranos. Ese horario y esa estación respondían a la “luz especial” que se genera a esa hora del atardecer en verano. Sin embargo, esto también trajo centenares de curiosos que se acercaron para ver su obra. Aquello hizo que el trabajo se ralentizara, convirtiéndose más bien en un atractivo turístico. En muchas ocasiones el pintor abandonó su labor al sentirse acosado por tanta gente a su alrededor.

Entre tanta muchedumbre y trasiego de gente, el mismo jueves, mientras el pintor seguía con su obra, dos agentes de la Policía Municipal llegaron al lugar sin saber quién era él y le pidieron “los papeles”, dejando atónitos a los presentes. Aquéllos intentaron explicar que ese pintor era uno de los artistas españoles más famosos de nuestro siglo, a lo que uno de los policías contestó “Yo no tengo que saber quién es, puede ser Van Gogh, puede ser quien sea”. 

Referente mundial del hiperrealismo

Nacido hace 85 años en Tomelloso, Ciudad Real, Antonio López es uno de los pintores españoles más reconocidos a nivel internacional. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1985 y el Premio Velázquez de Artes plásticas en 2006. A día de hoy es uno de los pintores más importantes y cotizados, su cuadro Madrid desde las Torres Blancas se convirtió en la obra más cara de un autor español vivo, por encima de Tàpies y Barceló. Gracias a la retrospectiva que el Museo Thyssen le dedicó, su prestigio y visibilidad aumentaron aun más. Y no podemos olvidar su retrato a la familia real,  que tanto dio qué hablar cuando fue presentado a la prensa. 

Su pintura es un claro referente para cualquier artista tanto hiperrealista como abstracto. Es uno de los grandes autores estudiados en las facultades tanto de Bellas Artes como de Historia del Arte. Su obra tiene tanto adeptos como grandes detractores, pero no deja de ser una figura valiosa y crucial de nuestra cultura que se debe respetar y cuidar, ya que pone en el punto de mira internacional el arte y la cultura española. 

La precariedad artística en España

Tras el episodio protagonizado por los agentes de la Policía Municipal se han sacado a relucir diferentes debates sobre la precariedad artística en España. En grandes ciudades como Madrid y Barcelona los artistas deben pagar y pedir unos permisos para poder pintar en la calle. Una actividad que más que un obstáculo en la vía, debería verse como un enriquecimiento tanto al paisaje urbano como a la cultura.

En la actualidad, la enseñanza artística sigue relegada a lo académico, encorsetada en sus cánones y preceptos. Aunque la fotografía, como técnica y como arte, ha servido como ente liberador y apoyo para la creación artística, la observación del natural sigue siendo primordial para la evolución en las artes. Resulta llamativo que en un país con tal herencia artística y tan abundante creación contemporánea, sacar un caballete a la calle sea casi un acto de rebeldía.

Más si cabe, los madrileños pueden sentirse privilegiados al poder ver de primera mano el proceso creativo de un pintor de la talla de Antonio López. Hasta no hace mucho la pintura quedaba relegada al taller del pintor. Poder sacar el caballete y los pinceles a la calle no sólo fue un avance para los artistas —como los impresionistas—, sino una oportunidad única de sus coetáneos de conocer de primera mano cómo se construía la obra finalmente expuesta. Si bien, claro está, no todos los artistas ni todas las obras cosechan, de primeras, el mismo éxito.

Da qué pensar que un país que gusta de presumir de su cuantioso patrimonio artístico no haga más que poner trabas a la creación artística de la que en pocos años querrá lucrarse.

Hoy en día, dedicarse únicamente a las artes es algo casi utópico. Pocos pueden permitirse vivir de su arte, muchas veces gracias a una red de contactos o un previo colchón económico. Pintar en la calle no sólo es una vía más en el aprendizaje pictórico, sino un medio de subsistencia cuyo eje es la precariedad.

 

Por su parte, ningún político del ayuntamiento de Madrid se ha pronunciado respecto a lo sucedido.

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