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Body Positive: otra moda dañina del sistema

Movimientos como el Body Positive esconden una realidad clara y preocupante: el alto índice de obesidad en día en nuestra sociedad. Solo en España hay alrededor de 8,4 millones de personas que padecen obesidad.

El ‘Body Positive’ es un movimiento que nace en 2007, cuando la Revista Belleza XL —la primera revista del mundo de habla hispana para el sector de tallas grandes— dio el pistoletazo de salida para que se iniciara el debate en Hispanoamérica. En Estados Unidos ya llevaba algún tiempo tomando fuerza este movimiento y ganando adeptos, y pronto llegó a Europa para quedarse. 

Este movimiento fue ganando fuerza en cuanto las marcas vieron en él una posibilidad de ganar nuevo público. Así, de la mano, en muchas ocasiones, de campañas como la del 8 de marzo o el día Internacional del Orgullo LGBT, encontraron en el Body Positive un nuevo nicho de mercado que explotar. Marcas de lencería como Hunkemöller se estrenaron presentando como imagen de una de sus campañas a la modelo ‘curvy’ Daniella Van Groendelle, Nike expuso en una de sus tiendas un maniquí de talla grande y Dove, ya en 2004, expuso su primera campaña publicitaria con modelos de tallas grandes. Además, este movimiento ha estado reforzado por los medios de comunicación y portavoces, sobre todo feministas, como un grito de lucha y empoderamiento.

En la actualidad podemos encontrar artículos como el publicado por el periodista de The Saturday Evening Lew Louderback titulado Más gente debería ser gorda. En él cargó contra aquellos que veían la gordura como un problema, alegando que él y su mujer eran “gordos por naturaleza” y que “estaban hartos de tener que controlar su peso”. Este artículo cimentó las bases para la creación de un movimiento organizado y la aparición de la Asociación Nacional para el Avance de la Aceptación de la Gordura (NAAFA), cuyo principal objetivo era convencer a la sociedad de lo equivocada que estaba al relacionar la gordura con la mala salud.

Si las analíticas demostraban que la presión arterial y los índices de colesterol eran buenos, ¿de qué había que preocuparse?

Paralelamente, y a consecuencia del auge del Body Positive, nace el ‘Body Neutrality’ de las voces más críticas, que sintieron que las marcas se habían apropiado del movimiento para vender sus productos. Así, el Body Neutrality trata de fijar el foco en que no necesariamente hay que aceptar nuestro cuerpo, ni mucho menos sentirse culpable por no hacerlo. Aquello deja a un lado el ferviente positivismo del Body Positive, que muchas veces usaba para tapar carencias. Aunque este movimiento, inicialmente, se alzó como un faro contra el marketing acabó convirtiéndose en lo mismo. Un movimiento utilizado por marcas de belleza y lencería para ganar compradores y aumentar el target de la marca. 

 

Estos nuevos movimientos esconden una realidad clara y preocupante: el alto índice de obesidad en nuestra sociedad. En España hay alrededor de 8,4 millones de personas que padecen obesidad, que va acompañada de enfermedades metabólicas, como la diabetes, que afectan directamente a la salud, y otras que, aunque en un principio no sean graves, pueden desarrollarse y ser mortales. Con esto no queremos decir que las personas no deban aceptar su cuerpo, sino que deben cuidarlo y mantenerlo en forma por una cuestión de salud física y mental, no amarlo de forma ciega. Mientras que estos movimientos únicamente crean dejadez del cuerpo creyendo que si eres “gordo por naturaleza” no se pueda hacer nada para remediarlo y lo mejor es aceptarse a uno mismo.

Dicho de otra forma, no puede entenderse el amor al cuerpo propio sin cuidados. No basta con “abrazarse”, sino que hay que comprender cómo funciona tu cuerpo, qué le viene mejor y cómo mejorarlo. Fomentar el amor “ciego”, sin más, es encaminarse a una relación tóxica con uno mismo.

Ahora hay muchas voces que amparan el Body Positive, tachando de “gordófobos” a quienes no piensan como ellos. Los medios de comunicación, así como las redes sociales, cada vez muestran más y halagan estos cuerpos, poniéndolos como ejemplos a seguir. Detrás de esta fachada hay todo un proceso de edición para mostrar los cuerpos “curvy”, pero bonitos y perfectos, sin estrías, ni piel de naranja, ni flácidos, es decir: deseables y consumibles para el público. Ello no sólo oculta la realidad de los cuerpos, porque seas delgado o no, tener estrías o piel de naranja es algo común, sino que engaña a la gente dando una imagen irreal en favor de este movimiento.

En Instagram podemos encontrar cuentas que nos enseñan cómo las influencers hacen este tipo de retoques para verse perfectas y cómo, a su vez, llenan ese mismo post de mensajes a favor de la aceptación de cualquier tipo de cuerpo.

 

En definitiva, estos movimientos únicamente son fachadas engañosas que, lejos de aceptar los cuerpos, han creado un culto hacia las personas gordas, sin ningún tipo de sentido y sin reparar en todos los problemas y carencias que las personas con sobrepeso pueden llegar a desarrollar.

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