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¿Democracia patriarcal?

El libro “Democracia Patriarcal” es otro nuevo intento de analizar la situación de la mujer atendiendo a su sexo y de forma estanca en el tiempo, en lugar de atender al contexto de clase y social en el que nos encontramos.

Unos días después del indulto parcial a María Sevilla, se reedita en castellano el libro de Jule Goikoetxea, Lore Lujanbio, Zuriñe Rodríguez y Estitxu Garai. El libro titulado Democracia Patriarcal es la exposición de una investigación financiada por la entidad pública Emakunde (instituto vasco de la mujer). La editorial Elkar la publicó en euskera ya previamente en el año 2020. Ahora, dos años más tarde, la editorial Txalaparta la reedita en castellano con la traducción de Amelia Pérez.

Las autoras del libro dividen su análisis en cuatro apartados diferentes:

  • – El trabajo remunerado
  • – El trabajo no remunerado
  • – El régimen de bienestar
  •  -El ámbito sociopolítico

Y un quinto apartado a modo de conclusión que nos describe como creen las autoras que sería el proceso de despatriarcalización.

El trabajo remunerado.

Las autoras inician el apartado sobre el trabajo remunerado afirmando que  la tasa de actividad de hombres es del 79% y el de las mujeres 70,4%. Es decir, que el desequilibrio de genero es de 9 puntos. Líneas más abajo subrayan que dicho desequilibrio es el más bajo que se ha dado en décadas. Cabe añadir que la correlación entre  edad y actividad laboral también coinciden entre varones y mujeres, salvo en la última franja de edad (55-64). Franja en el que la actividad laboral de los hombres es bastante superior al de las mujeres.  Este hecho, según las autoras, aumenta el desequilibrio de genero.

Por otra parte, es importante mencionar que las autoras tienden a desdoblar los problemas característicos de los trabajadores, como si fueran problemas de mujeres.  Por ejemplo, afirman que la precarización estructural de base está detrás del retraso en la autonomía económica individual de las mujeres. Esta claro que para las autoras los hombres no sufren la explotación y la depauperación sistemáticas tras cada crisis cíclica. O que tanto en hombres como en mujeres la tasa de desempleo más alta se sitúa entre los más jóvenes. Siendo estos también los que peores condiciones laborales sufren al incorporarse al mercado laboral.

Respecto a las pensiones, indican que tan solo el 48,8% de las mujeres tienen jubilación en comparación con el 84% de los hombres. Aunque, es lógico que vayan cambiando estos datos con el cambio generacional que se ha dado con la incorporación de la mujer al trabajo asalariado. Es decir, que las autoras utilizan datos que son consecuencia de la forma de vida de hace 40 o 50 años para reforzar sus tesis feministas. cuando la realidad es que hoy en día hay muchas más mujeres que cotizan que hace 50 años.

Trabajo no remunerado.

El trabajo no remunerado está sujeto a la violencia simbólica. O al menos eso es lo que nos indican las autoras. Es verdad que históricamente las mujeres se han encargado del cuidado y el trabajo doméstico, pero hoy en día podríamos indicar, que en las nuevas generaciones hay una tendencia a compartir los trabajos no remuneradosLa violencia simbólica es un término abstracto e intangible. Estas cualidades hacen tremendamente difícil su medida material. ¿El tamaño de un hombre, su tono de voz grave o su masa muscular pueden suponer violencia simbólica para la mujer? ¿y de ser así que reglamentos impedirían dicha violencia simbólica?

Según este estudio, La mujer del mediterráneo cumple más trabajo no remunerado porque los mediterráneos somos más familiares. La familiarización es el eje que vertebra la violencia simbólica y hace que las mujeres hayan sido, y sigan sometidas al trabajo no remunerado del hogar. Al mismo tiempo, los estados socialdemócratas del norte Europa  son los que han fomentado medidas explícitas de desfamiliarización para aumentar su soberanía e igualdad frente a los hombres. La solución pasa por reclamar a las instituciones públicas parches y gastos sociales para así mostrar un lado más amable del sistema capitalista. Un lado más amable y humano. El lado Woke del capitalismo.

El régimen de bienestar.

Las escritoras del libro señalan que la calidad de la democracia para la mujer depende del régimen del bienestar. Dicho de otra forma, la desmercantilización y la desfamiliarización son los pasos a seguir por parte del estado para gozar de una democracia no patriarcal.  Las escritoras del libro apuestan por un aumento del gasto en protección social en vivienda, desempleo… y la igualación de la prestación por paternidad para que la carga familiar caiga en ambas personas. Pero más allá de estas rimbombantes medidas no hay ninguna mención a la transformación de la sociedad por parte de los trabajadores.

El ámbito sociopolítico

En el último apartado el libro se centra en la supuesta escasa participación de la mujer en la política y en los agentes sociales. Los datos desmienten estas afirmaciones victimistas. ya que en 2016, según Emakunde, el 51% de los candidatos a las elecciones de la CAV eran mujeres. Ya en el 2005, el porcentaje ascendió al 53%, por lo que se puede ver que se mantiene la cifra y es superior al número de varones.

La Familia Real junto a Ana Botín. Fuente: el Independiente

Páginas más adelante se apresuran a analizar los datos de la empresa privada. Donde según ellas apenas hay mujeres en la presidencia o en los altos cargos de dirección en Bancos y empresas del Ibex 35. Una vez  llegados al manoseado argumento del “techo de cristal” convendría preguntarnos lo siguiente: ¿ En qué ha mejorado la vida de las mujeres trabajadoras desde que Ana Botín es presidenta del Banco Santander? ¿ en qué beneficia a las vecinas de Sant Andreu u Otxarkoaga que Cristina Ruiz esté al mando de Indra? No sería muy aventurero responder que tienen más que ver con cualquier trabajador varón del barrio que con las empresarias arriba mencionadas.

Mujeres trabajando en una línea de la industria alimentaria.

Las autoras plantean como solución a este apartado las cuotas de igualdad en las organizaciones y secciones feministas con derecho a veto en las organizaciones mixtas políticas, sindícales y demás agentes sociales.

Conclusiones

El libro es un intento más de  dirigir esfuerzos a atomizar la lucha de los trabajadores y crear una alternativa desde una perspectiva “feminista” con tintes sociales. Tan solo es un movimiento intelectualoide, elitista y totalmente  inocuo para los capitalistas.

 

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