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El expolio y la destrucción ideologizada del arte.

Durante el siglo XX, diversas corrientes ideológicas participaron de la destrucción del patrimonio cultural, así como de la censura y el expolio.

Quema de iglesias en latinoamérica

El siglo XX se caracterizó por ser una de las centurias donde que mayor conflictividad social hubo. Tras las revoluciones liberales del siglo anterior, la lucha de clases y el nacimiento de diversas ideologías provocó grandes cambios en la sociedad. El arte, como reflejo directo de la sociedad en la que se crea, dio un vuelco y supuso un gran avance en todas sus modalidades. Ello no impidió que durante la centuria se produjeran grandes expolios y destrozos, muchos ligados a ideologías nacidas en este siglo.

La actualidad no esta libre de estas situaciones que se siguen cometiendo indiscriminadamente a lo largo del mundo.

El expolio Nazi

Es de sobra conocido el expolio del arte por parte de los nazis durante el III Reich. El conocido como “Raunbkust” utilizó como pretexto el antisemitismo propio del NSDAP para apropiarse de todas las obras pictóricas en manos de judíos o de ideologías disidentes. El motivo principal no era ni el odio ni el oro —aunque es cierto que en la época existía un gran negocio con los marchantes de arte—, sino que eran motivos puramente ideológicos.

Fruto del deseo por hegemonizar el pensamiento, también el artístico, no sólo se llevó a cabo un amplio expolio, sino también la exposición de Arte degenerado (Entartete Kunst) de 1937, donde se expusieron obras representativas de la vanguardia europea. Ese arte no sólo era contrario al régimen en cuanto a ideología, sino también a los preceptos artísticos y estéticos del Reich, considerando Hitler que ese arte no era más que “una conspiración del judaísmo y el bolchevismo”.

De esto se encargarían varias instituciones creadas por el gobierno alemán que cambiarían a lo largo de los años. Pero, sin duda, la Gestapo y el jefe de la propaganda alemana, Joseph Goebbels, serían de vital importancia para que se expoliasen un total de 200.000 obras en el territorio alemán y austríaco, 100.000 en Europa occidental y 300.000 en Europa del Este. Un total de 600.000 obras fueron expoliadas y muchas de ellas siguen perdidas. Es curioso, también, cómo el hambre de los nazis provocó el auge de uno de los mayores falsificadores de la historia: Han van Meegeren vendió casi 50 Vermeer falsos, comprados por el propio Goebbels.

El siglo XX en España: El anarquismo y el franquismo

Durante el siglo pasado, el panorama de la sociedad española fue de los más conflictivos del mundo. Entre la dictadura de Primo de Rivera y el transcurso del régimen franquista, la censura y la destrucción fueron la norma.

En este tiempo, el papel de los anarquistas fue desastroso tanto en el plano social como en el cultural. Durante los años treinta se produjeron diversas sublevaciones anarquistas en las que una de las formas de “protesta contra el poder” fue la quema de iglesias característica de esta década. La quema del patrimonio eclesiástico, injustamente relacionada con los comunistas, fue la justificación para criminalizar al movimiento obrero tanto en los bandos reaccionarios del interior del país como en la opinión pública del exterior. Se calcula que más de un centenar de iglesias ardieron y con ellas todo el patrimonio que contenían: cuadros, esculturas y objetos litúrgicos.

Durante la guerra civil y el franquismo el bando republicano dedicó un gran esfuerzo a la protección de edificios frente a los bombardeos y al almacenamiento de las obras de arte. Ya antes del alzamiento el gobierno mostró un gran interés por el patrimonio, redactando la Ley de 13 de mayo de 1933, predecesora directa de la actual Ley de 1985. Tras la victoria del bando sublevado, se produjeron grandes expolios a los represaliados republicanos, siendo esta reubicada. El franquismo tergiversaría la realidad de que fueron los republicanos los que realmente hicieron la labor de protección y conservación. El resto del régimen se caracterizó por la censura y el completo control del arte por parte de las instituciones que lo revisaban.

Siglo XXI

Las diversas tendencias actuales han derivado en la destrucción de esculturas históricas como forma de protesta. En Latinoamérica, en los últimos años se llevan produciendo quemas de iglesias y por parte de anarquistas actuales y por otras el derrumbe de estatuas de conquistadores o personajes ligados a la conquista de América por parte de activistas indigenistas. Lejos de plantear una crítica, una reconsideración sobre los monumentos públicos o la importancia de contextualizar debidamente, estos actos son carentes de trasfondo. Este daño al patrimonio es una reacción infantil a un problema estructural del que el arte es reflejo, pero no causa.

Por su parte, en favor de ese “progreso” individual e irracional, la izquierda del sistema permite y prácticamente aplaude estos daños al patrimonio.

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