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¿Hay ciencia o sesgo científico tras el argumentario trans?

El argumentario trans, basado en las teorías queer, es tildado por sus detractores de anticientífico e idealista por negar el sexo como realidad material. Sus defensores citan estudios y análisis para corroborar su carácter científico.

género

Desde que apareciera en febrero de 2021 el borrador de la denominada Ley Trans del Ministerio de Igualdad, diferentes argumentos a favor y en contra han aparecido en radios y televisiones. Los detractores de la Ley Trans y su argumentario tildan al texto de anticientífico y destacan la negación de la realidad material, el sexo. Por su parte, los defensores de su aprobación parecen tener un denominador común: querer demostrar el carácter científico del argumentario trans.

La demostración suele empezar por una confusión terminológica: ¿qué es sexo y qué es género? Esta confusión se debe a la traducción del término gender que, en inglés se usa indistintamente para sexo y para género. 

El sexo hace referencia a aquello determinado por el código genético y que condiciona el desarrollo de los caracteres sexuales. Estos se dividen en primarios, los órganos reproductivos, y secundarios, que comprenden rasgos como el vello corporal, la voz o el crecimiento del pecho y que son estimulados por la producción hormonal de andrógenos y estrógenos. El sexo no es asignado al nacer sino observado a partir de la quinta o sexta semana de gestación.

Por su parte, el género sí es una construcción social. El género abarca los roles histórica y socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que se le dan a cada uno de los dos sexos.

¿Qué es la disforia de género?

La disforia de género, también llamada incongruencia de género, describe una discordancia entre la identidad de género y el sexo biológico. Esto lleva a que las personas afectadas no sientan su sexo como propio. La principal consecuencia es un malestar significativo que lleva incluso a la creencia de necesitar alterar su físico para que concuerde mejor con el del género que les representa. 

En la actualidad, las unidades hospitalarias de apoyo a personas con disforia utilizan los criterios de la DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría o de la ICD-11 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos criterios están en constante actualización y adaptación según los avances de la práctica clínica.

En contrapartida, los movimientos a favor de la «despatologización trans» abogan la retirada de la disforia o incongruencia de género de los catálogos diagnósticos. Apunta que no existe tal trastorno, sino que género y sexo son una decisión personal que no debe pasar por ninguna evaluación médica. 

Desde una perspectiva médica, esto no es sino un retroceso en el desarrollo de la práctica clínica. De hecho, han sido muchos los esfuerzos por parte de la comunidad médica para desestigmatizar la salud mental. 

A menudo, principalmente en las denominadas infancias y adolescencias trans se identifican incorrectamente disforia de género cuando el diagnóstico es de depresión, ansiedad o fobia social. Por eso, especialmente en edades con una identidad y sexualidad poco consolidadas, la endocrinología pediátrica aboga por enfoques multidisciplinares por parte de equipos especializados. Así lo indican también las Normas de atención para la salud de personas trans y con variabilidad de género de la Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero (WPATH). Estas normas dejan claro, además, que la no conformidad con el género, es decir, diferir de las normas culturales prescritas para personas de un sexo en particular no es disforia de género y no implica tal diagnóstico.

Neurosexismo

Otro argumento muy recurrente es intentar atribuirle un carácter sexuado a la estructura cerebral. Así, se habla de la existencia de cuatro fenotipos distintos de cerebros, pero solamente dos sexos. Por lo tanto, estos no se corresponderían con la realidad material de las personas, sino que, como el género, también serían fruto de un constructo social. 

Otros estudios aluden a diferencias en el grosor de la corteza cerebral de hombres y mujeres. Según los cuales, el grosor de la corteza cerebral en mujeres trans sería más próximo al de mujeres cis que al de hombres cis. También los hay sobre patrones de actividad cerebral según sexos y en personas que reciben tratamientos hormonales de reasignación o de posibles diferencias cognitivas.

La mayoría de estos estudios presentan resultados no concluyentes dado el reducido tamaño de las muestras.

Considerando la plasticidad cerebral, pueden existir diferencias neurobiológicas entre los dos sexos, como sucede, por ejemplo, entre personas bilingües y monolingües. Si bien, en la comunidad científica no hay consenso para afirmar que los dimorfismos entre el encéfalo del hombre y el de la mujer (por ejemplo, referentes a volumen y densidad) estén relacionados con comportamientos relativos al género. A su vez, estos estudios tampoco demuestran ninguna aproximación a la no binariedad del género, también defendida en el argumentario trans.

Asumir la diferencia sexual de cerebros como válida permitiría reforzar estereotipos e, incluso, blindarlos debido a su supuesto carácter neurológico. 

Intersexualidad: ¿es el sexo una categoría espectral?

Los seres humanos poseen un sistema XY para la determinación del sexo. El cromosoma Y contiene los factores responsables para activar el desarrollo de los caracteres sexuales masculinos. En ausencia de este cromosoma, el sexo que se desarrolla es el femenino. En conclusión, los individuos XX son hembras y los XY son machos. 

La intersexualidad es un grupo de afecciones donde hay una discrepancia entre los genitales internos y externos y/o el cariotipo cromosómico. Estas alteraciones suelen tener carácter mutacional y suceden en momentos clave del desarrollo fetal. 

Según la OMS, entre el 0,05 % y 1,7 % de los seres humanos son intersexuales. Este rango porcentual se debe a qué alteraciones se consideran intersexualidad. La presencia de caracteres sexuales primarios ambiguos durante la gestación y en el nacimiento puede dar lugar a una determinación confusa del sexo del neonato. Tras el crecimiento de la persona es de fácil diagnóstico clínico. 

La intersexualidad no implica una espectralidad en el sexo, sino que se basa en alterciones de los cromosomas XX y XY. Se agrupa en cuatro grandes grupos, estudiados y caracterizados. Además de los caracteres sexuales primarios,  las condiciones cromosómicas intersexuales implican complicaciones endocrinas. Por ejemplo, una persona con Síndrome de Morris (un tipo de seudohermafroditismo masculino) tienen una predisposición a cáncer de testículos. Una persona con Síndrome de Klinefelter (un tipo de disgenesia gonadal) es potencialmente infértil y tiene predisposición a problemas de aprendizaje. 

Por lo tanto, para el sano desarrollo de los individuos intersexuales, es necesario que haya un acompañamiento físico y psicológico para pacientes y familias. Así lo sostienen asociaciones como interACT (antigua Sociedad Norteamericana de Intersex). Este tipo de asociaciones se desmarcan del argumentario trans y se posicionan en contra de terapias de reasignación.

La manipulación de la intesexualidad en el argumentario trans tampoco está libre de sexismo. De hecho, con frecuencia se suele citar al historiador Thomas W. Laqueur, uno de los defensores del modelo de sexo único. Este modelo describe a las mujeres como hombres imperfectos.

Bandera del colectivo intersexual. Creada en 2013 por Morgan Carpenter, de Intersex Human Rights Australia.

Diversidad en investigación y ciencia

Cabe siempre la necesidad de continuar estudiando. Los procesos científicos son dialécticos y deben siempre confrontarse con la evidencia científica disponible. Solo así se consigue rechazar argumentos no válidos y continuar progresando.

La diversidad en ciencia implica nuevos y necesarios enfoques, pero no se debe obviar la posibilidad de refutar los argumentos. De lo contrario caeríamos en dogmas y afirmaciones pseudocientíficas. Es común escuchar que «las vivencias y experiencias trans no son cuestionables» o que «cada personas vive su transexualidad individualmente».

Esto, lejos de abogar por el libre desarrollo de la personalidad dentro de una estructura colectiva, convierte experiencias individuales en argumentos irrefutables. Desaparece así cualquier aproximación científica.

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