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Sky Rojo: ¿Alegato abolicionista o romantización de la prostitución?

La serie se asoma constantemente a un precipicio entre la construcción de una serie de personajes femeninos empoderados que se revelan y viven aventuras y el imaginario visual de una prostituta de alto nivel bien vestida y arreglada, rodeada de fetichismo y violencia explícita que humilla constantemente a las protagonistas.

La serie, dirigida por Álex Pina y Esther Martínez Lobato, ha abierto un debate que pone en duda los límites entre la forma y el contenido al tratar ciertos temas sociales. Sky Rojo ha sido, al mismo tiempo, alabada por su ritmo frenético y criticada duramente por caer en la banalización de la prostitución.

Cartel promocional de la serie

Coral, Wendy y Gina, tres mujeres, logran escapar del club “Las Novias”, donde eran obligadas a prostituirse mediante amenazas personales y deudas imposibles de pagar. Su proxeneta, Romeo, y sus ayudantes, Moisés y Christian, las perseguirán hasta el fin del mundo por los actos cometidos, aunque ellas parecen dispuestas a renunciar a su recién adquirida libertad.

Los críticos acusan que Sky Rojo bebe de la estética del cine de Quentin Tarantino, con una latente búsqueda de crítica hacia la trata, pero resultando ser un tinte para la prostitución, convirtiéndola en un espectáculo de luces de neón y purpurina, atractivo y extremadamente sexualizado, donde la violencia es explícita y las violaciones abundan en todos y cada uno de los episodios de forma completamente cautivadora. De ahí el debate que se ha encendido, sobre todo en redes sociales: ¿el fin justifica los medios?

Los creadores de la serie han insistido en diversas entrevistas en la documentación que han llevado a cabo sobre el tema de la trata para escribir la historia y poder darle un poso de denuncia mas allá de la purpurina y las persecuciones. Alex Pina explicó en una charla “es un tema que siempre se ha tratado desde un género que es el drama social o el drama de denuncia o el documental y queríamos utilizar la comedia negra casi cínica y corrosiva en algunos momentos, y la acción, que parece el género más superficial e inocuo para crear esa misma concienciación. La estrategia de usar el método del caballo de Troya, meter pequeños torpedos que consigan hacer reflexionar mientras se está divertido”. Esther Martínez añadía que “aquí la comedia funciona como mecanismo psicológico de defensa frente a lo incomprensible” refiriéndose a la dura violencia que sufren las mujeres secuestradas y esclavizadas.

Escena de la serie de Netflix

La trata de mujeres mueve alrededor de 5 millones de euros al día en España, por lo que no estamos hablando de un tema “sensible”, sino que es pura cultura de la violación perpetrada dentro de las fronteras españolas, permitida silenciosamente por las instituciones y los diferentes gobiernos, y mantenida por los clientes que olvidan su humanidad mientras viven sus fantasías en los clubs de alterne. Por lo que críticos cómo Beatriz Martínez, de Fotogramas, Alberto Rey o Juan Sanguino han dado su opinión de manera tajante alegando que “Sky Rojo, es injustificable de ninguna manera. A nivel moral es vomitiva, su discurso es deplorable y su forma de plasmarla da vergüenza ajena. Ficción inmunda y misoginia que provoca arcadas pretendiendo molar”. Otros críticos como Nina Menkes, de Filmmaker, hablan de la utilización de técnicas cinematográficas que menosprecian a las mujeres mientras parecían glamurizarlas.

Por tanto, no debemos olvidar que al ver una película o una serie no solo entra en juego la historia que se está contando, sino que es muy importante la forma. Por mucho que en lo últimos capítulos las protagonistas lancen frases y discurso en contra de la trata, ya las hemos visto anteriormente sodomizadas de manera sugerente, apuntadas con el cañón de una pistola en la boca como si se tratara de una felación o enamoradas irracionalmente de sus proxentas o clientes, los cuales las humillan constantemente, por lo que el discurso que más tarde lanzan deja de ser del todo efectivo. La serie se asoma constantemente a un precipicio entre la construcción de una serie de personajes femeninos empoderados que se revelan y viven aventuras y el imaginario visual de una prostituta de alto nivel, bien vestida y arreglada, rodeada de fetichismo y violencia explícita que humilla constantemente a las protagonistas. Como con todo, encontraremos muchos matices en este debate, pero si el ejemplo de las mujeres prostituidas por redes de trata son diosas, siempre maquilladas y a punto que viven aventuras, únicamente se está ayudando a reproducir prejuicios sobre ésta. Sky Rojo genera debates necesarios del otro lado de la pantalla, aunque el único objetivo de Netflix haya sido facturar, por lo que da paso a este tipo de contenido no tanto por la trata, sino más bien porque le vienen bien este tipo de polémicas y debates para aumentar su capital.

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