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Superliga: ¿Intentó el capital destrozar el fútbol?

Probablemente en los últimos días hayais escuchado hablar, y mucho, sobre la Superliga planteada por Florentino Pérez (Presidente del Real Madrid y de ACS) y Andrea Agnelli (Presidente de la Juventus y perteneciente a un gran conglomerado automovilístico, Stellantis) entre muchos otros clubes, concretamente 12 en total, siendo todos estos parte de los clubes más ricos de Europa y del mundo. Esta Superliga consiste en la creación de un torneo internacional cerrado entre los clubes con más poder con el fin de, en primer lugar, triplicar el dinero que generan, financiados por el JP Morgan, uno de los mayores bancos de EEUU y uno de los grandes responsables de la crisis económica del 2008, comenzando con un aval de hasta 60.000 millones de euros de los cuales 3.500 millones irían destinados solo al primer año de competición.

Para concretar un poco más, tendríamos una Superliga de 20 clubes, de los cuales 15 serían los clubes más ricos, inamovibles de la competición aunque pierdan todos los partidos y sin incentivo alguno para jugar en las ligas locales, ya que no habría competitividad ni posible pérdida ninguna (Actualmente aparte de jugar para ganar las
ligas, los clubes juegan para clasificarse a Europa), y 5 clubes que Florentino Pérez prometió que entrarían bajo criterios deportivos, los cuales no están esclarecidos y serían, seguramente, elegidos a dedo.

Sus consecuencias a nivel deportivo serían pues la pérdida increíble de fuerza de las ligas nacionales, donde se concentra la afición real y en las que los clubes grandes no tendrían ningún incentivo para ganar porque ya estarían todos años en la competición grande que da dinero y los medianos y pequeños no tendrían ningún incentivo para superarse porque necesitarían un milagro para entrar en la Superliga un año, generando un negocio que sería de todo menos deporte.

La alternativa propuesta por la UEFA fue la remodelación de la champions a partir de 2024 con un modelo muy diferente a la actual (Y en mi opinión, igual de ineficaz que la Superliga) y la amenaza a los clubes que se fueran a la Superliga de dejarles fuera tanto a ellos como a sus jugadores de todas las competiciones tanto nacionales (Ligas, Champions) como Internacionales (Mundiales, Eurocopas) generando una fuerte pelea y disputa entre ambos bloques.

Si bien las personas a las que no les interese el fútbol puedan pensar que se le está dando mucho bombo a algo que en realidad no es para tanto, cabe recordar antes de continuar que solo este deporte supone un 1,37% del PIB español, generando 184.626 puestos de trabajo, lo que supone casi un 1% de la población activa que vive de este deporte, desde el servicio de limpieza de los estadios hasta los nutricionistas, fisioterapeutas y psicólogos
que trabajan con los clubes, desde clubes de primera regional de pueblos de 1000 habitantes gestionados por los ayuntamientos hasta auténticas empresas con gran poder e influencia en España como son Real Madrid y Barcelona.

Y bien ¿En qué afectaría la Superliga a estos datos? Según los datos cuantificados por La Liga, la implementación de esta nueva competición, cuyo objetivo es formar un oligopolio propio que actúe por su cuenta, supondría una pérdida de 2.000 millones de euros tanto de la liga como de sus clubes, mermando el peso de este deporte sobre el PIB del 1,37% antes mencionado a un 0,93% y reduciendo un 32% los puestos de empleos, lo que supondría una pérdida de nada menos que 60.000 puestos de trabajo en España, todo por el empeño e interés de los grandes clubes/empresas en uno de los pilares básicos del capitalismo: La obtención del máximo beneficio cueste lo que cueste.

Pero bien, no se puede olvidar que este conflicto entre empresas con intereses muy similares, el mantenimiento del monopolio de unos y la creación del oligopolio de otros, en el que por un lado están los clubes más poderosos, que quieren abrir aún más la brecha entre el fútbol más “Humilde” y los clubes grandes, encabezados por Florentino Pérez, dueño de una de las empresas más grandes de España, ACS, cuyas constantes
cagadas corren a cargo de, para variar, la clase obrera española (Vease el caso Castor y los más de 1.700 millones que le costó al gobierno) y por el otro lado están UEFA y la FIFA, organizaciones casi criminales que tienen en su haber infinitos casos de corrupción y una falta de transparencia pasmosa, respaldadas por un club estado como es el PSG, perteneciente a efectos prácticos al estado de Qatar, al que intentan blanquear a toda costa antes del mundial de 2022, organizado por la propia FIFA, en el que se están cometiendo autenticas atrocidades a sus trabajadores, con más de 6.500 obreros fallecidos en los últimos años en las obras del mismo, obreros casi esclavos generalmente traídos de países extranjeros con mano de obra más barata que trabajan más de 12 horas al día, por un salario ínfimo y cuya explotación va a permitir que los jeques y millonarios de turno que asistan a los partidos puedan estar cómodos sin ningún tipo de escrúpulo por toda la sangre que se ha vertido para ello, con intervenciones de por medio, claro está, de los propios gobiernos, con el Primer Ministro de Reino Unido, Boris Johnson, apoyando las amenazas de la UEFA y de la FIFA a los clubes fundadores de la Superliga.

Y es ante este conflicto entre empresas gigantes que se camuflan bajo el manto de un deporte para blanquear estados criminales, que sostienen a las casas de apuestas que tanto daño hacen a la clase obrera y que son cómplices de muchas de las atrocidades que llevan a cabo sus patrocinadores donde se obvia, como siempre, al aficionado de a pie. El fútbol ya era un negocio antes de esta propuesta y el fútbol va a seguir siendo un negocio cada vez mayor cuando se pare la Superliga, aunque la paren los aficionados, y aunque sean estos los que sostengan a los clubes, estas empresas van a seguir despreciando a aquellos obreros que usan su pasión por el deporte como forma de evasión del presente de miseria al que se ven sometidos día a día y a los que les imponen precios abusivos para camisetas (Hasta 120€), retransmisiones por la televisión (100€ al mes de media para poder seguir el fútbol profesional) y entradas a los estadios (Desde 50 a 200 euros), generando que el deporte esté cada vez más desapegado de las personas y más
capitalizado, alejandolo de las masas y convirtiendolo en un sector casi exclusivamente económico.

Esta esencia y estos valores de compañerismo, superación y competitividad sana de un deporte la conforman los 1,1 millones de futbolistas federados y el casi 10% de la población que lo practica asiduamente, no solo los millonarios a los que vemos en la tele, un deporte del que es aficionada más del 90% de la población (Según datos del CIS), no los grandes empresarios que solo buscan enriquecerse en torno a él.

– Aarón Leal

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