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El Consejo de Ministros aprueba la “Ley Trans”

El Consejo de Ministros ha dado luz verde a la llamada “Ley Trans”: una ley anticientífica que permite la autodeterminación del género.

Hoy, 29 de junio, el Consejo de Ministros ha dado luz verde a la llamada “Ley Trans”: una ley anticientífica que permite la autodeterminación del género. Pese a que la negociación llevaba pausada desde febrero y a que el enfrentamiento entre el PSOE y Unidas Podemos ha ido en aumento, Irene Montero ha satisfecho su deseo de presentar el decreto ante el Consejo. 

A partir de hoy, todas las personas con nacionalidad española mayores de 16 años podrán solicitar el cambio registral de su sexo en el Registro Civil, con el requerimiento único de voluntad. Sin embargo, para hacer frente al desacuerdo entre los dos partidos del Gobierno, se han incluido tres meses de plazo administrativo desde que se solicita el cambio registral para que la persona solicitante pueda ratificar su decisión. 

Esta ley se ha elaborado bajo supervisión constante de varias asociaciones trans, entre las que destacan FELGTB, Chrysallis y Fundación Triángulo. Estas afamadas organizaciones son muy conocidas por su seguimiento de la línea política queer. 

Una de las mayores controversias generadas por esta ley es la libre identificación del género. Dicho de otra forma, las diferencias biológicas como la menstruación, el embarazo o el desigual desarrollo muscular dejarán de tener valor en la categorización jurídica de las personas, la cual dependerá únicamente de la voluntad de solicitante del cambio registral de su sexo.

Así, estamos asistiendo a la despatologización de la disforia de género, es decir, a la renuncia de cualquier diagnóstico médico o psicológico. Esto tiene grandes consecuencias sanitarias en aquellos que sufren de disforia, pues se impide que reciban la ayuda que verdaderamente necesitan. Esto supone, en la mayoría de los casos, una agudización en la problemática. 

De la misma manera, se ha alertado ya de las numerosas consecuencias que puede tener esta normativa en el borrado de las mujeres. Por ejemplo, se ha estado viendo durante los últimos años cómo la incorporación de hombres en el deporte femenino ha ido en aumento, lo cual supone para ellos una gran ventaja respecto a las demás competidoras. De hecho, se sabe que lograr la participación de las mujeres en el deporte profesional ha sido una larga y ardua lucha, aunque es innegable que todavía queda mucho camino por recorrer. Por ello, mediante la incorporación de varones en el deporte femenino se está contribuyendo a la eliminación de las categorías deportivas en base al sexo, que garantizan la competición justa entre personas que comparten características biológicas (capacidad pulmonar, masa muscular, densidad ósea…) que no desaparecen ni tras años de hormonación. 

 

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Asimismo, esta ley también afecta al sistema educativo español, donde ya se han interiorizado términos y expresiones como “identidad de género”. De esta forma, se da a entender a los alumnos que el sexo no es biológico, sino un constructo social. Según los defensores de la “Ley Trans”, esta construcción social depende del modo de vestir, del comportamiento o de la orientación sexual de cada uno; rasgos anticientíficos que cimientan el machismo más reaccionario. 

En estas circunstancias, los niños son las víctimas más vulnerables. A través de la ideología de la identidad de género en las escuelas se está introduciendo la idea de que existen actitudes, cosas y gustos masculinos o femeninos. Si estos son opuestos al sexo, indican que se ha nacido “en el cuerpo equivocado”. Estas ideas son muy peligrosas para las personas cuyo cerebro no se ha desarrollado lo suficiente como para comprender las consecuencias de las intervenciones médicas complejas o de la irreversibilidad de la toma de bloqueadores hormonales. Sin mencionar sus numerosos efectos adversos. 

Si hay un lugar donde toda esta invisibilización se hace palpable es en las estadísticas. Si el sexo se elimina como categoría objetiva para convertirse en una identidad subjetiva, se hace imposible conocer la situación real de las mujeres. En consecuencia, se hace imposible luchar contra la desigualdad. 

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