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Hablemos de energía

La industria energética se mueve en base a la búsqueda del máximo beneficio, como cualquier otra empresa. Sólo cuando las garantías de ganancia son más elevadas que los costes hay movimiento de capital. Por eso carece de sentido hablar, hoy, de una transición energética eficaz

El presente texto fue redactado entre diciembre de 2021 y enero de 2022 para un formato más extenso. Se abordaba la inclusión de la energía nuclear y el gas natural dentro de la taxonomía verde de la Unión Europea. Hemos decidido rescatarlo y reproducirlo aquí íntegro tras las declaraciones del vicepresidente de la CDU, Michael Kretschmer. El alemán reflexionaba acerca de la transición energética a la luz de la crisis energética que sufre la UE en el contexto de la guerra de Ucrania y la gestión de recursos en Europa. 

Cabe destacar que la situación se ha recrudecido en materia no solo energética a raíz de la invasión rusa de Ucrania y las sanciones impuestas por la UE. La dependencia del gas natural estrangula a potencias como Alemania, mientras Italia gana trato favorable ante Argelia por el giro pro-marroquí del Ejecutivo español.

La propuesta para la taxonomía verde, que incluía la energía nuclear y el gas natural en un solo paquete, ha sido usada como arma para acusaciones cruzadas dentro del contexto de la guerra en Ucrania. Pese a todo esto, consideramos que el análisis realizado a principios de año es correcto y no entra en contradicción con el nuevo escenario europeo. El texto aquí presentado exponía en sus conclusiones algunas de las evidencias que se han demostrado a posteriori, por lo que esperamos que sea de agrado al lector pese a su extensión.

El texto original comienza a continuación.

 

La noticia del borrador que prepara la Comisión Europea ha caído como una bomba a primeros de enero. La intención de incluir la energía nuclear y el gas dentro de la taxonomía de las energías sostenibles genera desacuerdos entre los Estados miembros a la par que entre las autoridades de la Unión.

Este aparente incomprensible cambio de parecer ha dejado las primeras declaraciones por parte del ejecutivo de Sánchez, con el rechazo de esta propuesta por parte de la vicepresidenta Yolanda Díaz. ¿Por qué abre las puertas la Comisión Europea al gas? ¿Es la energía nuclear una energía limpia? ¿Actúa el Gobierno de España conforme a criterios científicos? Tenemos que hablar de energía.

 

Las nuevas incorporaciones

Lo primero que debemos responder es el principio de funcionamiento de las nuevas fuentes de energía que se pretenden incorporar. Si miramos la producción electronuclear ¿Cómo funciona? Esta pregunta la respondió de forma extensiva pero a la vez sencilla Jaime Redondo, portavoz de Jóvenes Nucleares y profesional del sector en la entrevista realizada en el canal de YouTube de Roberto Vaquero. Parafraseando a Redondo, la fisión nuclear aprovecha la enorme cantidad de energía que se encuentra en los núcleos de átomos pesados, como el Uranio-235, mediante el uso de neutrones de baja-media velocidad. Esta fisión del núcleo genera dos elementos atómicos más ligeros y libera nuevos neutrones para poder continuar con la reacción.

La energía emitida se aprovecha para calentar un circuito de agua que, en la mayoría de los reactores empleados hoy (PWR, o reactor de agua a presión), calienta un segundo circuito de agua que, al convertirse en vapor, se emplea para hacer girar una turbina. En los reactores PWR estos circuitos son independientes, garantizando que no exista contaminación por radiación del agua del circuito secundario. Para volver a enfriar este circuito secundario, tras su paso por la turbina, se emplean fuentes naturales como ríos, embalses o el agua del mar. Observamos, pues, que la fisión no genera gases de efecto invernadero, y que las columnas de humo que se ven en algunas centrales son, simplemente, nubes de vapor.

La energía nuclear ha encontrado históricamente una enorme oposición en lo que a seguridad se refiere. Como señala Luigi De Paoli en su libro La energía nuclear. Elementos para un debate, el principal temor es que los riesgos de un accidente, si se produjera, no están en las manos de quienes potencialmente los padecerían. La radiación, ese mal invisible que acecha en cada conversación sobre energía nuclear es un factor psicológico determinante. De Paoli alivia las preocupaciones recordándonos que “vivimos inmersos en un mar de radiactividad” pues nos vemos rodeados de innumerables fuentes de radiactividad, en sus diversas formas. Su libro recoge la declaración del Comité de las Naciones Unidas sobre los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR), que atribuye a la dosis natural o “fondo natural” anual recibida un valor de 2.4 mSv, mientras que la producción electronuclear genera una dosis media por individuo ”diez mil veces menor que el fondo natural”. Alfredo García, popularmente @OperadorNuclear en redes, ha divulgado incansablemente para convencernos de que todo es radiactivo, y que la vida próxima a una central nuclear no provoca dosis mayores de aquellas a las que pudiéramos exponernos cogiendo un avión, recibiendo un TAC o comiéndonos un plátano.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) concluye en su informe Nuclear Power in a Clean Energy System, de 2021, que la energía nuclear es una fuente fundamental para garantizar el cumplimiento de los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La ficha técnica de la Unión Europea sobre la Energía Nuclear, para 2021, revela que el 26% de la producción energética total de la Unión que supone la energía nuclear es esencial en el mix energético de cara a las emisiones de carbono.

El informe de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (UNECE) Life Cycle Assessment of Electricity Generation Options de 2021 arroja los siguientes datos sobre la producción electronuclear.

Fuente: UNECE

¿Qué sucede con el gas? Las centrales de gas de ciclo combinado se sirven de gas natural y de vapor de agua para la generación de electricidad a través de una turbina. Este es un escenario menos desconocido que la producción electronuclear, pues se sirve de combustión de gas y vaporización de agua para generar la electricidad, como se pudiera hacer con otros combustibles. La combustión del gas en el proceso libera gases de efecto invernadero, si bien la aportación del vapor al proceso reduce las emisiones hasta, aproximadamente, la mitad que las de una central térmica de carbón. El informe de UNECE de 2021 completa el panorama del gas con los siguientes datos:

Fuente: UNECE

La empresa Greenpeace Energy (ahora llamada Green Planet Energy) comercializa gas natural en Alemania. Busca implementar un gas ecológico proWindgas, o ecogas, pues un porcentaje inferior al 10% del gas se obtiene de fuentes verdes como el hidrógeno. Esta empresa apuesta también por una nueva fuente de gas, menos contaminante, a partir de la descomposición de la remolacha, aportando un 1% del volumen de gas comercializado. El resto del gas encuentra su origen en Rusia, como revela El periódico de la energía.

Fuente: El Periódico de la Energía

Cabe destacar que las emisiones contaminantes no se reducen exclusivamente a la emisión de gases de efecto invernadero durante la operación. La construcción de centrales, infraestructura, transporte, obtención y gestión de recursos y residuos no se puede despreciar, y es, en el caso de la energía nuclear, la única fuente de gases de efecto invernadero. Es por ello por lo que no se puede decir que la energía nuclear, ni mucho menos el gas, sean fuentes de energía libres de emisiones. El gas produce cerca de 25 veces más emisiones contaminantes que la producción electronuclear. Es interesante observar que, bajo el criterio de emisiones totales en el ciclo de vida, ninguna energía es 100% limpia.

Jaime Redondo citaba los resultados aportados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), los cuales calculaban las emisiones de CO2 a lo largo de todo el ciclo de vida para cada fuente. “Se descubrió que la nuclear emite lo mismo que la eólica (12 g CO2/kWh), la mitad que la solar (24 g CO2/kWh). Por comparar, la geotérmica está en 27 g CO2/kWh, con el gas natural en 500 g CO2/kWh y el carbón cercano a los 1000 g CO2/kWh.” El informe de UNECE es contundente para otras fuentes de energía:

Fuente: UNECE

De aquí se extrae que, si bien la producción eléctrica por ciclo combinado es significativamente mejor que la combustión de carbón, aún está lejos de cumplir los objetivos de emisiones deseados en la operación y en el ciclo de vida. Podemos concluir que, si la solar fotovoltaica y la eólica se pueden considerar fuentes de energía bajas en emisiones de carbono, entonces la fisión nuclear es igualmente merecedora de este título. El borrador de la Comisión Europea, al menos en lo que a la electronuclear se refiere, sí concuerda con criterios estrictamente científico-técnicos.

 

Los porqués

¿Por qué incluir la producción electronuclear y el ciclo combinado en la taxonomía verde en 2021? Un vistazo a los datos de emisiones y porcentaje de energías renovables en el mix europeo nos puede dar algunas respuestas.

En 2007 se redactaban los objetivos de la Comisión Europea en relación con la producción y consumo de energía. La estrategia 20-20-20 buscaba conseguir reducir un 20% las emisiones de carbono respecto de 1990, aumentar la proporción renovable en el mix energético hasta un 20% del total, y aumentar la eficiencia energética un 20%. Estos objetivos fueron ratificados en el Green Deal, el Pacto Verde Europeo, y se ampliaron las metas, con objetivos de cara a 2030 y 2050. ¿Se alcanzaron los objetivos?

Los informes de la Comisión Europea así lo celebran. Los datos del informe State of the Energy Union 2021 – Contributing to the European Green Deal and the Union’s recovery de la Comisión Europea, de 2021, publicaba lo siguiente: “En 2020, las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE (incluyendo la aviación internacional) disminuyeron un 31% comparados con 1990 debido al impacto de la pandemia sobre el consumo de energía, pero también debido a las continuas tendencias de descarbonización. [—] La proporción de las fuentes de energía renovables en el mix energético del conjunto de la UE se espera que alcance un al menos un 22%, si bien algunos Estados Miembros están en riesgo de no cumplir sus objetivos nacionales, de carácter vinculante.”

Tras el halo de triunfalismo, propagado especialmente por la prensa, hay una verdad más amarga que contar. Si bien las emisiones disminuyeron, el propio informe de la CE reconoce que un agente fundamental para ello ha sido la pandemia de COVID-19. Igualmente, si los objetivos de participación renovable se han cumplido a priori, lo cierto es que muchos Estados Miembros suspenden bajo sus propios criterios. La participación renovable por país es la que sigue, según se publica en el mismo informe.

Fuente: Eurostat

Los países que no cumplían aún para 2019 la incorporación de fuentes renovables de energía hasta un 20% incluyen a España, Italia, Alemania, Francia, Eslovaquia, Chequia, Chipre, Hungría, Polonia, Irlanda, Bélgica, Países Bajos, Malta y Luxemburgo. De todos estos, notablemente España, Francia y los últimos 6 Miembros del listado no cumplían siquiera sus propios objetivos nacionales. ¿Cómo finalizó el 2020 de cara a emisiones y renovables? El informe Trends and Projections in Europe 2021 de la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA) publica lo siguiente.

Fuente: EAA

El descenso en picado con la llegada de 2020, y de la pandemia, es más que notable. Las proyecciones para el futuro, sin embargo, son más pesimistas. La vuelta a la normalidad en los mercados y en las industrias llevará a una tasa de descenso de las emisiones más moderado. Si nos fijamos en las energías renovables, observamos un resultado similar.

Fuente: EEA

Las tendencias son moderadamente ascendentes y permiten cumplir los objetivos de 2020, con las salvedades ya mencionadas, pero para 2030 y especialmente para 2050 no parece que sea suficiente con las medidas tomadas hasta ahora.

En definitiva, la UE no cumple sus objetivos energéticos y de emisiones de cara a las próximas décadas si continúa con las tendencias actuales. De aquí se desprende una apuesta por nuevas fuentes de energías base, como la electronuclear o el gas de ciclo combinado, para sustituir las centrales térmicas de carbón. Esta estrategia es especialmente amable para con Bélgica y Francia, que presentan una fuerte infraestructura electronuclear, y Alemania, que apuesta por el gas natural.

Este hecho se ve refrendado tras las declaraciones del comisario europeo para el Mercado Interior aseguró el pasado 9 de enero, anunciando que la Unión deberá invertir en torno a 500.000 millones de euros en reactores nucleares de nueva generación, de cara a alcanzar los objetivos energéticos en 2050. A un coste estimado de 6.000.000.000 €/GW para reactores de tercera generación, como adelanta Alfredo García, esto supondrían unos 83 reactores de 1 GW. Esto supondría multiplicar el número de reactores de la Unión por 1,77.

 

Panorama económico de la energía

¿En qué se traduce esto? ¿Cómo afecta la incorporación de estas nuevas fuentes de energía en la lista de fuentes “favorables”? En palabras de Luigi De Paoli, “en un mercado totalmente liberalizado (como al que tiende la Unión Europea), quien invierte en instalaciones nucleares se expone a la posibilidad de grandes beneficios o de grandes pérdidas, a menos que encuentre clientes capaces de compartir el riesgo con contratos a largo plazo con indexación y dispuestos a hacerlo”. El incentivo para la inversión en estas tecnologías vendría de exenciones fiscales o subvenciones, tales como las otorgadas por la administración Bush (hijo) y posteriormente Obama en sus legislaturas. La incorporación de estas energías en la taxonomía verde bien puede ir acompañada de subsidios para quienes inviertan en ellas, repartiendo así el presupuesto para ayudas de la Unión entre un número mayor de fuentes.

Los costes de cada tipo de energía son distintos y se reparten de forma diferente. De Paoli señala que “en el caso de la energía nuclear predominan los costes fijos de la instalación; en el ciclo combinado de gas prevalece el coste del gas, mientras que para centrales de carbón es tan importante el coste de la instalación como el del combustible.”

En España, y en general en la UE tras la propuesta de 2007 de la CE, la energía entra al mercado libre a subasta. Jaime Redondo comenta en la entrevista que, generalmente, la última en entrar a subasta es el gas, y que lo hace a un precio desorbitado. Esto hace que el precio de mercado del MW se dispare, lo que se traduce en las facturas de luz astronómicas que llevamos recibiendo estos meses. Efectivamente, el gas es caro, y la subida del precio eleva los costes para las centrales de ciclo combinado.

Los costes de las energías base (recordemos que éstas son las térmicas de carbón, el gas de ciclo combinado y la electronuclear), como hemos comentado, son variados. Aquella con los mayores costes fijos, la electronuclear, es sin embargo la energía que, de media, presenta un menor coste frente a sus competidoras. Sin computar los costes de los derechos de emisión de CO2, coloquialmente impuestos al carbono, el coste en euros por MWh es algo inferior en la electronuclear que en la térmica de carbón, mientras que el MWh de gas tiene un coste más de un 20% superior a ambas.

Si computamos los derechos de emisión, el MWh de carbón se dispara hasta ser casi un 50% más caro que el producido en centrales de fisión, con el gas hasta un 40% más caro que éste. En definitiva, el coste de producción de la energía nuclear es el más bajo de las fuentes base. Esto se debe, principalmente, a no tener que pagar derechos de emisión por ser una energía limpia. Estos costes, de cara al futuro, no harán más que subir.

Cabe destacar que las eléctricas terminan incorporando proporcionalmente el coste de los derechos de emisión en las facturas. En general, es el consumidor el que acaba cargando con los costes de producción y con los costes de emisión de gases nocivos. Las empresas se desentienden así de la producción de estos gases pues, mientras sea posible, se lo estaremos pagando entre todos y no habrá necesidad de reducir las emisiones. En junio de 2021 mostrábamos en El Baluarte que las regulaciones del sector eléctrico, así como su privatización, acaban encareciendo las facturas.

Mención especial merecen los combustibles, especialmente el uranio. Si bien el carbón está al alza, al igual que el gas, el uranio se encuentra hoy en una situación más delicada que antes. En septiembre del pasado año, el Economista revelaba que un solo inversor disparaba el precio del uranio, al poseer cerca de un tercio del uranio físico del mercado. La apropiación monopolista de este tipo de recursos es especialmente sensible en periodos de necesidad, contrarrestando los puntos positivos de esta tecnología, que radican en menores costes, para satisfacer en cambio las ansias de beneficios de un puñado de inversores.

El Libro Rojo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de 2020 recoge el panorama del uranio a nivel mundial. En él se revela que el segundo país más rico en recursos de uranio, con hasta 60 depósitos y un 15% del total mundial, es Kazajistán. La inestabilidad política como consecuencia de la política imperialista de los Estados Unidos, con sus intentos de revoluciones de colores en la periferia rusa, y de Rusia en el deseo de mantener el control de su zona de influencia, sólo generan dudas acerca de la posibilidad real de la extracción del recurso más fundamental para la producción electronuclear de fusión.

Fuente: OCDE

El control monopolista de los recursos y la inestabilidad de la geopolítica en los territorios de acceso a estos bien podría reabrir el debate del reciclaje del uranio usado, un debate delicado por los temores de la proliferación nuclear (el uso de material reactor-grade con fines bélicos) y que es una realidad a la que sólo un puñado de países pueden acceder.

 

El panorama en España

El Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico rechazaba el pasado 2 de enero la propuesta de la Comisión Europea respecto de la modificación de la taxonomía verde. El Ejecutivo se cerraba en banda y aducía que el gas no se puede aceptar dada su alta tasa contaminante, y la nuclear produce residuos de difícil gestión ambiental. Ciertamente, el ciclo combinado de gas es altamente contaminante, y la energía nuclear produce al final de su ciclo un combustible parcialmente usado y altamente radiactivo.

Pero si por algo se ha caracterizado este Gobierno es por desoír a las disciplinas científicas durante su mandato. El combustible usado presenta un alto grado de radiactividad principalmente por los elementos transuránicos fruto de la captura de neutrones por parte del isótopo 238 del Uranio. Existen hoy iniciativas para el tratamiento de este combustible con el fin de disminuir drásticamente la radiactividad del mismo. Parte del combustible se puede reutilizar en reactores auto fertilizantes, e incluso el Plutonio es objeto de debate por su capacidad de ser fisionado. De cara al almacenamiento, los depósitos temporales en superficie existentes a día de hoy han pasado los controles de calidad más exhaustivos. En Finlandia ha dado comienzo la construcción del primer depósito geológico profundo, cumpliendo con los criterios de seguridad más severos. En general, las exigencias en materia de seguridad no están igualadas por ningún otro sector, a excepción, si acaso, del aeronáutico.

No puede ser el criterio científico el principio rector del Gobierno para rechazar esta propuesta de la CE. «En Alemania, la decisión de cerrar las centrales nucleares fue exclusivamente política», señala Jaime Redondo, motivada por el cambio de la opinión pública tras el accidente de Fukushima. Por lo tanto, estamos ante una decisión nuevamente política, particularmente en la lucha contra la energía nuclear. Pero hablar del Gobierno de España es hablar, realmente, de las grandes empresas y grupos de presión. Greenpeace, lobby y empresa de referencia para el Ministerio de Consumo, lleva una marcada agenda antinuclear (y anti-gas en España).

¿Qué puede mover al oligopolio de la electricidad contra estas nuevas incorporaciones? Iberdrola llegaba incluso a escribir en su cuenta de Twitter contra esta propuesta. Esta empresa se reparte con Endesa casi exclusivamente la propiedad de los 7 reactores nucleares que quedan en nuestro país. La intención del Gobierno (es decir, del oligopolio eléctrico en este caso) es cerrarlas, con la última de ellas, Trillo, en 2035. ¿Por qué despreciar la energía nuclear si es más barata, menos contaminante y más segura?

Una conjetura que pudiéramos formular sería la siguiente: las eléctricas se han tirado de cabeza a un mix renovable en su mayoría. La búsqueda de máximos beneficios podría llevarlas ahí si, ciertamente, los ingresos de explotar fuentes renovables fueran superiores que en otras fuentes. O si los costes fueran inferiores. La energía eólica y la fotovoltaica, como vimos, poseen un coste por kWh igual o ligeramente superior a la fuente más barata de todas, la nuclear. Pero hay unas subvenciones enormes en juego. El anexo al informe State of the Energy Union 2021 nos revela cómo de suculentas son estas subvenciones.

Fuente: Comisión Europea

En España, existen unas subvenciones del orden de 9 mil millones de euros para el año 2019, para las inversiones en energías renovables. Dado que existe un oligopolio sobre este recurso, la práctica totalidad de la subvención acaba en los bolsillos de los propietarios de Endesa, Iberdrola o Naturgy. Una forma excelente de maximizar los beneficios.

Como se recordará, la demolición de centrales de carbón se produjo en los momentos más crudos del alza del precio de luz. Esto se puede explicar con la necesidad de alcanzar los objetivos de emisiones para con la UE, destruyendo el parque térmico de nuestro país y obteniéndola de terceros agentes, situados en el extranjero, de forma que no “ensucien” las estadísticas de producción nacional. Igualmente se puede explicar de cara a las subvenciones. De cara al Pacto Verde Europeo y con los subsidios ya mencionados en mente, la inclusión de dos nuevas fuentes de energía podría diversificar la cantidad de fuentes susceptibles de recibir subvención. Ante unos presupuestos fijos, esto acabaría reduciendo porcentualmente las subvenciones a las demás fuentes.

La situación actual de las centrales en España es delicada, pues la extensión de algunos permisos de operación hasta finales de los 20 y principios de los 30 del presente siglo ha traído consigo inversiones que, como revelaba Jaime Redondo aún no han sido amortizadas, y seguramente requieran de mayor inversión, para la cual habría que hacer uso de fondos que, sin reactores, caerían íntegramente en sus bolsillos.

La apuesta por el hidrógeno verde, especialmente por parte de Alemania y Marruecos, así como otros países de la UE, lleva a un nuevo terreno el juego de las inversiones, los costes y las ganancias, que en definitiva es en lo que se resume la libre empresa. El Gobierno de España (es decir, el monopolio de las eléctricas, entre otros) tiene sus ojos fijados en nuevas fuentes de beneficios y no tienen tiempo para enfrentar el reto que supone una energía tecnológica, como la denomina De Paoli, como es la energía nuclear.

 

Conclusión

Efectivamente, la industria energética se mueve en base a la búsqueda del máximo beneficio, como cualquier otra empresa. Sólo cuando las garantías de ganancia son más elevadas que los costes hay movimiento de capital. Por eso carece de sentido hablar, hoy, de una transición energética eficaz. El Dieselgate protagonizado por el Grupo Volkswagen, así como el desentendimiento de las eléctricas del “impuesto al carbono” pasándoselo al consumidor, o la importación de electricidad desde países que producen con estándares muy pobres en materia de contaminación son sólo unos ejemplos.

Las directivas europeas y las proposiciones internacionales son sólo una forma de maquillar la realidad: la producción sostenible es una utopía en el capitalismo, el cambio climático es un problema a escala global.

En materia de producción energética, aún queda mucho por hacer de cara al futuro, señala Jaime Redondo. “Electricidad no es lo mismo que energía. Cuando hablamos de descarbonización, la electricidad es sólo un tercio del pastel. Otro tercio es transporte, y el otro tercio es climatización. Parece que ya está todo hecho cuando un día, a una determinada hora, hemos conseguido conquistar ⅓ del pastel.”

El mix 100% renovable es, hoy, irreal. Las energías intermitentes como la eólica y la fotovoltaica necesitan de una base fuerte que cubra la demanda eléctrica. La sustitución de la flota automovilística de motores de combustión por una flota eléctrica es imposible sin una red que sostenga una producción que deberá, al menos, duplicarse.

En materia energética, el problema contra el que se lucha es doble: por un lado, la imperiosa necesidad de disminuir las emisiones de forma efectiva, apostando por fuentes como la energía nuclear, hoy tan denostada en nuestro país; en segundo lugar, el combate sin descanso contra quienes sólo buscan el máximo beneficio, sin importar las consecuencias para el planeta y sin tener en cuenta las necesidades de los trabajadores. La socialización de las pérdidas, no ocurriendo así con los beneficios, está más presente sobre todo en la cuestión energética. Por eso, cuando hablamos de energía, hablamos también de política.

 

Fuentes

Annex to the State of the Energy Union 2021 report. Comisión Europea. State of the Energy Union 2021. Comisión Europea. https://ec.europa.eu/energy/sites/default/files/state_of_the_energy_union_report_2021.pdf

Ciucci, Matteo (2021) Energía Nuclear. Fichas técnicas sobre la Unión Europea – 2021. https://www.europarl.europa.eu/ftu/pdf/es/FTU_2.4.10.pdf

De Paoli, Luigi (2013) La energía nuclear. Elementos para un debate. Alianza Editorial.

EAA. Trends and projections in Europe 2021. Agencia Europea del Medio Ambiente. https://www.eea.europa.eu/publications/trends-and-projections-in-europe-2021

García, Alfredo (2020) La energía nuclear salvará el mundo. Editorial Planeta. https://ec.europa.eu/energy/sites/default/files/annex_to_the_state_of_the_energy_union_report_on_energy_subsidies_in_the_eu.pdf

IEA (2021) Nuclear Power in a Clean Energy System. Agencia Internacional de la Energía. https://iea.blob.core.windows.net/assets/ad5a93ce-3a7f-461d-a441-8a05b7601887/Nuclear_Power_in_a_Clean_Energy_System.pdf

OCDE (2020) Uranium 2020. Resources, Production and Demand. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. https://www.oecd-nea.org/upload/docs/application/pdf/2020-12/7555_uranium_-_resources_production_and_demand_2020__web.pdf

Redondo, Jaime [Roberto Vaquero] (2 de enero de 2021). Energía NUCLEAR: DESMONTANDO MITOS [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=NmQNKUjbQ4w

Roca, Ramón (2021) Greenpeace, los ecologistas que se dedican a hacer negocio con los combustibles fósiles en Alemania. El periódico de la energía. https://elperiodicodelaenergia.com/greenpeace-los-ecologistas-que-se-dedican-a-hacer-negocio-con-los-combustibles-fosiles-en-alemania/

UNECE (2021) Life Cycle Assessment of Electricity Generation Options.Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas. https://unece.org/sites/default/files/2021-10/LCA-2.pdf

 

 

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