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La otra cara de la PAC

La agricultura española depende completamente de las ayudas europeas que premian la posesión de la tierra antes que la productividad.

Ganaderos protestan por los bajos precios de la leche
Manifestación de ASAJA y Alianza UPA-COAG

La Política Agraria Común (PAC) se plantea como una herramienta para la construcción conjunta de una agricultura única en los diversos estados miembros de la Unión Europea. Se venden como ayudas al pequeño agricultor o ganadero con dificultades para continuar con su trabajo y así fomentar su incorporación a la economía y comercio. Pero, ¿es la PAC una ayuda real o un parche para tapar la improductividad?

De estas ayudas, España recibe 4.856 millones de euros los cuales administra según lo acordado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería. Pero a diferencia de otros países del entorno, la agricultura constituye un 2,7% del valor agregado del PIB, siendo el mayor de entre los países occidentales.

A pesar de ello, la agricultura española acaba siendo improductiva e, incluso, ineficiente. No solo por la tendencia de los países desarrollados a abandonar el sector primario, sino por la mala distribución de estas ayudas por parte de las instituciones públicas. También el abuso de los monopolios que obligan a entregar las producciones sin precio prefijado o los tratados internacionales de comercio libre. Estos últimos abren la puerta a productos cultivados con mano de obra barata y bajos controles sanitarios.

“Si no existiera la PAC, la renta real de los agricultores aragoneses sería cero”

Así definió en 2021 el consejero de Agricultura aragonés, Joaquín Olona, la dependencia absoluta de la comunidad autónoma hacia la PAC.

Actualmente, el 60% del negocio alimentario español está en manos del oligopolio de las grandes distribuidoras, con capacidad de tirar los precios por los suelos. A su vez, reciben cada año millones de subvenciones, subsidios que premian la propiedad de la tierra y no su rentabilidad. Incluso, grandes familias como la Casa de Alba recibieron más 3 millones de euros en el año 2020, gracias a la PAC.

Además, la guerra en Ucrania recuerda la dependencia de nuestro país hacia países externos, ya sea el trigo, maíz o girasol procedentes de Ucrania o los abonos, fertilizantes y redes de energía que se exportan desde Rusia. Productos, tales como los piensos para ganado, se encarecieron un 30% en el último año. También las semillas (+20%); los abonos (+150%); el agua (+33%) o los plásticos que se utilizan en los cultivos de invernadero (+46%). Pero las subidas más espectaculares son las que afectan al gasóleo (+73%) y a la energía eléctrica (+270%). Lo que encarece su precio, no solo para los agricultores y ganaderos, sino también para los propios consumidores.

En los últimos meses, se han visto múltiples movilizaciones entre los trabajadores del sector primario, que veían más rentable dejar de trabajar que continuar, evitando así la ruina. La situación actual del campo español es totalmente crítica. Improductividad, dependencia de ayudas externas mal distribuidas y encarecimiento de los precios de producción. Una situación que lleva a la ruina a cientos de familias y mantiene al país dependiente de terceros.

 

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