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Señores feudales

Poco después de que la mass media anunciara la oferta de 43 millones de dólares de Elon Musk para comprar el 100 por ciento de las acciones de Twitter con el noble propósito de preservar la libertad de expresión de manipulaciones burdas, el gran benefactor de la humanidad intercambió un par de tweets muy reveladores con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. El hombre más rico del mundo, vástago de un propietario de una mina de esmeraldas y con una riqueza que supera el PIB de 150 países del orbe, sugería a Pedro Sánchez que convirtiera España en una gran planicie para la fabricación de energía solar con la que abastecer a todo el continente europeo. El presidente español, por supuesto, brindaba virtuales genuflexiones a este ejemplo del self-made que había tenido el detalle de acordarse de él y, después de alabar su talante visionario, le invitaba a que regara los campos españoles con sus dólares a fin de convertir un Estado soberano en el campo de experimentación para otra de sus excentricidades. Este tal Musk es de la misma estirpe que el tal Jeff Bezos, ese mismo que no tuvo reparos en felicitar a sus subcontratados por pagarle un viajecito al espacio; a propósito de fletar cachivaches al espacio, previamente, Bezos había felicitado a Musk por el envió al espacio de su Inspitarion 4 con cuatro humildes proletarios que también se habían hecho a sí mismo dentro del gran tapete capitalista (nótese la ironía). En este caso, el tweet de felicitación sirvió para limar rencillas a cuenta de la competencia que mantienen estos dos grandes sátrapas del capitalismo por inaugurar un turismo espacial que poco tiene que envidiar a los apartamentos en Benidorm de Paco el Pocero. No olvidemos que ese otro gran ángel de la guarda que es Bezos sugiere a sus empleados orinar en botellas de plástico para así evitar retrasos durante los recorridos de entrega. Por supuesto, su colega Musk no se queda atrás: en los momentos más duros de la pandemia, no tuvo reparo en trasladar una de sus mega factorías al desierto de Nevada para evitar así las restricciones. Por cierto, este precursor, bendecido por Steve Jobs y por todo el clero de Silicon Valley, sólo pagó 455 millones de impuestos entre el 2014 y el 2018, al tiempo que su riqueza se disparaba en 13.900 millones de dólares. Lo paradójico de todos estos benefactores, expertos en evadir impuestos y en restringir derechos laborales, es que trabajan en pro del progreso de la especie humana y de un planeta al que han dado ya la extremaunción. La colonización de Marte es uno de sus principales proyectos tecnológicos y donde proyectan la supervivencia de la especie humana, es decir, una pequeña colonia de multimillonarios que reciclarán directamente su propia mierda para sobrevivir. Eso sí, antes de llegar a Marte, hay que apropiarse del mayor litio posible y, por supuesto, auto nominarse como líderes de la transición tecnológica es perfectamente compatible con apoyar golpes de estado en Bolivia (paradójicamente, promoverlo es una vía para proteger su democracia al mismo tiempo que se desposee al país de sus reservas de litio).

La precariedad moral en la que se mueven estos déspotas del ultra capitalismo cuenta con el beneplácito de la mass media que comparan a Elon Musk con Leonardo Da Vinci a la par que toda una literatura frívola e insustancial lo encumbra como paradigma del éxito por sus jornadas laborales de más de cien horas semanales o su supuesta agenda organizada en reuniones de 5 minutos. También hay espacio para morbosidades como aquella que dice que suele pasar horas en la ducha y es entonces cuando se desatan las fantasías más impúdicas del follower que envuelve sus sueños megalómanos entre pliegues sexuales o quien sabe si en creencias milenarias sobre conjuros de magia negra, vudú o parapsicologías varias que le aproximen a esa receta mágica del éxito que custodia este granuja. Todo con tal de ignorar que estos supuestos benefactores del planeta Marte son el producto de una superestructura de corte neoliberal que prosigue en su continuo esfuerzo por erosionar todo derecho laboral conquistado por la clase obrera en los últimos siglos. El trato es sencillo. A cambio del derecho a la huelga o la sindicación se ofrecen recetas insustanciales, ridículas, que permitan al individuo alienado pensar que puede construir un imperio económico desde San Blas de Canilleja. Se le desposee de su conciencia de clase, de su dialéctica para entender que la Naturaleza es un todo articulado en el que hay una dependencia constante entre los objetos y los tiempos. Se le priva la capacidad de cuestionar de que nada ocurre por casualidad o por causa divina. En definitiva, que nadie se hace rico adoptando la agenda de estos caciques, que, muy posiblemente, se pasen tres cuartas partes de la semana dentro de un jacuzzi. Y, de mientras, trabajan los de siempre, los parias, los nadie, los que cuestan menos que la bala que los mata como decía Galeano.

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